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Vecinos molestos por improvisado parador de micros

publicado poradmin15, 2016

Unidades de la Línea Este estacionan en la calle 115 desde 40 hasta diagonal 80 y en la avenida 122, desde avenida Antártida hasta calle 35. Quejas por el ruido de los motores y el espacio que ocupan

Desde hace unos dos meses, micros de la Línea Este improvisan paradores en la calle 115 desde 40 hasta diagonal 80 y en la avenida 122, desde avenida Antártida hasta calle 35. La ocupación de la vía pública, la contaminación ambiental y las actividades que se producen mientras los choferes hacen tiempo para tomar sus turnos o entregar sus unidades, generan todo tipo de contratiempos para los vecinos de esas zonas, por lo que reclaman la intervención de la Comuna.

Para los vecinos del segmento de barrio Hipódromo cercano al Parador es una “pesadilla” porque deben convivir con esas amarillas unidades estacionadas durante buena parte del día y ocupando buen espacio de calles que ya de por si son angostas. Además el ruido de los motores a primera hora es el desagradable “despertador” que sufren aún los que ya no se ven obligados a madrugar.

En ese marco, los vecinos vienen realizando denuncias para que la Municipalidad intervenga en el ordenamiento de la vía pública; sin embargo todos coinciden en que hasta el momento, no obtuvieron respuesta.

Los choferes por su parte también están disconformes con las nuevas condiciones laborales. “No sabemos qué pasó entre la empresa y la Municipalidad, pero ya no nos dejan entrar al parador y tenemos que estacionar los micros en la 115 y en la avenida 122 y Antártida; no disponemos de baños ni de un lugar adecuado para descansar”, apunta un chofer que prefirió dejar su nombre en reserva por temor a sufrir represalias.

Cabe aclarar que desde hace varias semanas se estacionó en 115 y 41 un micro verde en el que se dispuso una cocina para que los choferes puedan tomar algo caliente.

Fuente:  El Dia
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Un parador de micros causa malestar entre los vecinos

publicado poradmin14, 2016

Desde hace por lo menos una semana, distintos vecinos de Barrio Hipódromo, realizaron denuncias y quejas en la redacción de Diario Hoy.  Según contaron vía telefónica y en persona, colectivos de la línea estacionan y utilizan de “parador” la calle 115. Esta situación causa ruidos molestos durante todo el día y genera una disminución muy marcada de la calle, donde por momento casi no pueden pasar autos. “Las largas colas se producen desde 38 hasta diagonal 80, siempre sobre la 115”, explicó enojado un frentista.

Tal cual manifestaron las personas que denunciaron esta situación, el parador es “insostenible porque el ruido de los motores a primera hora genera malestar generalizado en todos los frentistas que se levantan temprano y aquellos que quieren dormir en paz”. 

Sin embargo, según dan cuenta los denunciantes, esta situación también le crea problemas a los choferes que pueden entrar al parador de siempre y no tienen otra opción que apostarse sobre 115 y en menor medida sobre la 122. Los mismos están a la deriva en su momento de descanso, ya que no cuentan con baños ni un sector donde poder comer, ociarse o estar simplemente bajo techo.

En definitiva, el reclamo involucra a los vecinos y choferes de los colectivos de color amarillo, y ambos coinciden que la empresa y las autoridades correspondientes, deberán encontrarle una solución a lo que con el correr de los días se tornó una “pesadilla” para quienes viven en la zona y también, en corto plazo, complicó el normal desarrollo de las tareas para quienes manejan los micros

Fuente: Hoy
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Viajar en subte: bajo tierra hay más ruido que en la calle

publicado poradmin5, 2015

Hay picos de 100 dB, muy superiores a las sugerencias de la OMS

El zumbido de un ventilador, el chirrido de una escalera mecánica, un saxofón y, de repente, la bocina del tren que llega, las puertas de los coches que se abren, el bullicio de las personas que se amontonan, otra bocina para anunciar la partida. Ruido. Ruido. Mucho ruido.

En cinco de las seis líneas del subterráneo, los índices de contaminación sonora son superiores a los de las esquinas porteñas más ruidosas. En la calle, los valores extremos se ubican en alrededor de 90 decibeles (dB). Bajo tierra, oscilan entre 80 y 90 dB, con picos que superan los 100 dB. La excepción es la línea A, donde circulan unidades nuevas que aíslan de la contaminación sonora.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ruidos por encima de los 70 dB comienzan a afectar la audición, y si superan los 90 dB se vuelven dañinos. De acuerdo con los parámetros utilizados por los especialistas, una conversación entre dos personas se desarrolla en los 65 dB. Cuando los ruidos alcanzan un valor de 85 dB se ingresa en el umbral de las molestias y en los 110 dB se llega al nivel de dolor o algiacusia.

“La exposición diaria a ruidos molestos por encima de 85 dB provoca el deterioro de la audición”, sintetiza la directora del Centro de Desarrollo Profesional GAES, Silvia Neto, con quien LA NACION realizó las mediciones de los valores auditivos en las seis líneas de subte. “La pérdida de audición por exposición a ruidos intensos es irreversible. Sólo se puede compensar con el uso de audífonos”, sentencia.

En todas las líneas se realizaron dos mediciones con el sonómetro: una en el andén con la formación ingresando a la estación; la otra arriba de los coches en pleno viaje. Según los valores registrados, la mayor contaminación sonora es en la línea D. En la estación 9 de Julio, al subir por una escalera mecánica, el ruido alcanzó los 99 dB y en el andén fue de 90,5 dB. La formación sobre las vías provocó oscilaciones de entre 85 y 90 dB y un pico de 101,5 dB.

“Me resulta bastante estruendoso el viaje. Es un ruido fuerte, una molestia que ya tengo naturalizada. La contaminación también tiene que ver con las llamadas telefónicas dentro de los coches”, opinó Marcela Burgos, una usuaria frecuente de la línea D.

Todos los días, contó, viaja entre las estaciones Juramento y Catedral, ida y vuelta; cada tramo demanda unos 40 minutos. “Dejé de escuchar música durante el tiempo que estoy en mi casa. Regalé el televisor. Siento que alcancé un nivel de agotamiento sonoro”, agregó.

En la línea E el ruido sube desde el piso cuando el tren se encuentra en la estación Jujuy. Parece un compresor de aire comprimido que arroja 86 dB en el sonómetro. En el viaje hay picos de entre 90 y 95 dB, pero la marca mayor fue de 98 dB.

Parámetros similares se observaron en la estación Corrientes de la línea H. En el andén, al ingresar un tren, trepó hasta 91 dB, por encima del umbral de la molestia. Cerca de una ventana, los sonidos oscilantes llegaron a los 95 dB.

“El ruido bajo tierra tiene que ver con las formaciones porque la línea E es de las más postergadas. Hay muchos ruidos, los frenos hacen unos chirridos heavy metal todo el trayecto, pero cuanto más cerca de las terminales, peor”, sintetizó Alejandra Cosin, pasajera frecuente de la línea que une Virreyes y Bolívar. “Cuando queda parado sigue haciendo ruido, es como el infierno”, agregó, riéndose.

Trastorno del sueño, irritabilidad, pérdida de la capacidad de atención y problemas de comunicación son las situaciones de estrés que pueden sufrir las personas expuestas a ruidos molestos. “Los individuos van acumulando horas de deterioro auditivo a medida que pasa el tiempo. Dos horas diarias ya es perjudicial”, explicó Neto.

Los registros tomados en las líneas B y C son muy parecidos. En el andén, en ambos casos, la marca máxima alcanzó los 92 dB y la única diferencia estuvo en las vías: 88 dB en la B y 85 dB en la C.

Ante la consulta de LA NACION, un vocero de Subterráneos de Buenos Aires (Sbase) respondió “que el mayor problema y donde se origina el ruido, es el material rodante” debido a que “el promedio de antigüedad de las flotas es muy grande” y son coches “que no se fabricaban con estándares de baja emisión de ruido”. Para mitigar el problema se instalaron paneles acústicos en las líneas C y D, se cambiaron rieles y comenzó a renovarse la flota.

La Agencia de Protección Ambiental (APrA) estableció que en los andenes el nival máximo no debe superar los 80 dB; el mismo valor se toma en cuenta para las formaciones, según las normas IRAM.

Sin embargo, todos los registros subterráneos se ubicaron por encima de esos valores y también de los máximos registrados en las esquinas más ruidosas de la ciudad. Según un estudio de 2014 del Centro de Investigación en Ingeniería Sustentable (CIIS) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, en Rivadavia 3883 está el punto con mayor contaminación sonora, con 77,6 dB. Otros sitios conflictivos son Santa Fe y Callao (77,5 dB) y Cabildo y Juramento (75 dB).

La línea A es la única que se encuentra por debajo de esos valores. Los nuevos coches chinos parecen absorber el ruido durante los viajes. El recorrido placentero, con aire acondicionado y mayor espacio en el interior, arroja sonidos de entre 60 y 70 dB que se elevan a 86 dB cuando suena la alarma. Son como un oasis en el medio del desierto.

Fuente: La Nación
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