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Se debe combatir la contaminación acústica

publicado poradmin16, 2016

Está presente de diversas maneras en la vida cotidiana. Y aunque hay quienes lo prefieren a la paz o al silencio de los cementerios, puede provocar trastornos a la salud. El ruido puede transformar la vida en desdichada, sobre todo cuando es persistente y alcanza una gran cantidad de decibeles. Su presencia es casi constante en la ciudad: motores, bocinazos, escapes, edificios en construcción, música a todo volumen, etcétera. En las horas pico, por las calles más transitadas de San Miguel de Tucumán por donde circulan varias líneas de ómnibus (Santiago del Estero, San Lorenzo, Crisóstomo Álvarez, General Paz, La Madrid, Laprida, Buenos Aires, Monteagudo), la existencia para los moradores puede resultar traumática, especialmente para los que viven en los primeros pisos de los edificios.

Se celebró el martes el Día Mundial de la Contaminación Acústica, que tiene por objetivo, entre otros, general conciencia sobre el daño a la salud que provoca la polución sonora. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el ruido es uno los factores ambientales que más enfermedades ocasiona. Un sonido molesto puede provocar estrés o reacciones violentas. Su repetición genera dolor en tímpano; ese síntoma se llama algiacusia. El dolor puede causar reacciones de diversos tipos, porque el cuerpo reacciona ante algo que lo lastima. La polución sonora puede aumentar la presión arterial, causar insomnio, ataques al corazón y afectar el sistema inmunológico y el metabolismo.

La OMS sostiene que lo máximo que puede soportar un ser humano son 70 decibeles (dB). A partir de los 70 dB y hasta los 80 dB, se pueden producir daños físicos y emocionales. En 2011, un ingeniero de la Universidad Tecnológica Nacional efectuó mediciones acústicas. Estas indicaron que el peor de los ruidos era el sonido de las motos (126,3 dB); le seguían la música a alto volumen que se propala en algunos negocios (108,6), los motores de los ómnibus al arrancar (92,2); los ringtones de los celulares (90,1); los timbres de las guarderías (87). El promedio en las horas pico era de entre 90 y 100 dB.

Nuestra sección de Cartas de Lectores refleja con alguna frecuencia quejas por la contaminación acústica. En nuestra edición del 5 de febrero pasado, la lectora Mariana Sobral recordó que durante años soportó en calle Amadeo Jacques frente a EDET “el batifondo descomunal que armaban varios jóvenes de los alrededores, hijos de profesionales… enfrentarlos era un desatino”. “Hasta molestaban a las empleadas que salían a cumplir con sus obligaciones, llegando algunas a tenerles tanto miedo que faltaban al trabajo. Incalculables fueron las llamadas a la Policía… Vivimos angustiosos momentos durante este flagelo, llegando a tal punto que tuvimos que malvender el departamento e irnos desmoralizados por la tremenda odisea vivida en una provincia donde la autoridad está ausente. Aún hoy los patoteros siguen invictos en la misma calle Amadeo Jacques”, concluyó.

Si bien hay normas que legislan sobre el ruido, no se cumplen con efectividad, especialmente en los vehículos particulares y en los transportes públicos. ¿Quién protege la salud y el descanso de los ciudadanos en materia de polución sonora? Sería tal vez positivo si el Ministerio de Salud y los municipios diseñaran una política ambiental que contemplara la educación y su aplicación

Fuente:  www.lagaceta.com.ar
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Hubo 944 denuncias por ruidos molestos en lo que va del año

publicado poradmin19, 2016

Del total, 584 fueron por situaciones diurnas y 360 por la noche o en fines de semana. Sólo se labraron 109 actas, notificaciones o infracciones. En la mayoría de los casos se trata de conflictos entre vecinos: algunos se resuelven con mediación pero otros requieren intervención policial.

Zulma Pioli compró un departamento en la Recoleta. Se mudó un sábado al mediodía y esa noche tendió su cama y se acostó a dormir. No pudo. A la medianoche, una penetrante voz con micrófono la invitaba también a ella a cantar el feliz cumpleaños y a bailar toda la noche. Venía del bar con ínfulas de boliche que estaba junto al edificio. Abrazó la almohada y buscó un rincón en el comedor. En el living. Hasta tiró el colchón en la cocina. Cuando se descubrió tratando de dormir en la bañadera, lloró. “Ahí tuve la certeza de que los jueves, viernes y sábado ya no podría dormir más”, contó.

En barrio Nuevo Horizonte, en el norte de la ciudad, Diego Lamas se encerró en el baño, se escondió bajo dos frazadas, y llamó al 911. “Era la única manera de que la policía me escuche, del otro lado del teléfono, y de que los vecinos no supieran que los estaba denunciando por las horas que llevaban con la música a un volumen extremo”, explicó Pablo.

Por casos como éstos, similares al suyo, el 16 de mayo Pablo Ramírez creó la página de Facebook “Santa Fe necesita descansar”. Es diseñador gráfico y si bien poco sabía de leyes, psicología y ruido se volvió un experto en la materia. No sólo indagó sobre la legislación vigente en Santa Fe y en otras ciudades del país y el mundo, también sobre los daños que genera en el cuerpo y los medios de resolución de conflictos generados por los altos decibeles. Y se volvió consejero de los santafesinos a quienes, como a él, el ruido no los dejaba descansar.

Ruido social y ruido comercial

Los casos expuestos son ejemplo de la Santa Fe del ruido que divide los bulevares. Por un lado, el ruido comercial que es el generado por empresas que se instalan en zonas residenciales y emiten sonidos excesivos para sus vecinos. Los casos más denunciados son los gimnasios, peloteros, canchas de fútbol 5 y bares.

Por otro, situaciones de índole social que son inherentes al ruido. En estos casos, a la tolerancia propia de la convivencia se suma la música a decibeles muy altos, en horarios diurnos y nocturnos. “En los últimos meses recibimos a personas grandes que habitan su casa de siempre, y que viven la transformación del barrio con la llegada de nuevos vecinos que tienen a la música fuerte entre otros malos hábitos”, relató la Dra. Liliana Campomanes, de Defensoría del Pueblo.

Las cifras avalan la impresión de Pablo Ramírez y de Defensoría: en lo que va del año, el municipio recibió 944 denuncias por ruidos molestos.

En el marco de las disposiciones de la Ordenanza Municipal Nº 9.623, si el ruido se produce en horarios diurnos la dirección de aplicación es la Subsecretaría de Ambiente. Allí 12 inspectores miden los decibeles los días hábiles, desde las 7 y hasta la medianoche, entre otros controles. Ellos intervinieron en el 61% (584) de las denuncias recibidas, pero sólo 14 derivaron en la notificación de una infracción, y en 10 se labraron actas de infracción a juzgarse por la Justicia Administrativa de Faltas Municipal.

El 39% (360 casos) de las 944 denuncias fueron realizadas por vecinos durante la noche o los fines de semana, y en 170 intervenciones se constató que se superaba el umbral de decibeles permitidos. En estas ocasiones actúa la Brigada de Contaminación Sonora formada por inspectores municipales que acuden al domicilio del denunciante y miden el ruido con decibelímetro para determinar si excede lo permitido. Si quien lo origina supera lo previsto en las normas municipales es plausible de multas fijadas por el Tribunal de Faltas Municipal. “La brigada actúa cada vez que se genera una situación de molestia sonora: los inspectores realizan la medición y, si hay infracción, instan al causante a cesar los ruidos” explicó el secretario de Control, Ramiro Dall Aglio. Esto sucedió en 85 casos que concluyeron en actas de infracción: actividades bailables comerciales, fiestas públicas y privadas.

Las dos ciudades

En el vacío de las cifras están los casos que no llegaron a infracción, ni a notificación, ni a multa. Allí, “lo más frecuente son los conflictos entre vecinos”, comentó el subsecretario de Ambiente, Roberto Celano. Esto comprende desde la música alta hasta la realización de reuniones en domicilios e incluso mascotas que generan ruidos constantes y causan perjuicio al vecino.

En los casos de conflicto, tanto los inspectores de Ambiente como la Brigada nocturna piden la asistencia de la Guardia de Seguridad Institucional (GSI) municipal, para medir los decibeles en el domicilio del denunciante. “En estos casos de conflictos muchas veces los inspectores son agredidos, y si bien en la mayoría de los casos no pasa de lo verbal requieren la asistencia de GSI para realizar la medición”, explicó Celano.

Desde allí, la infracción pasa a Control, donde se realiza el acta correspondiente que pasa a Juzgado de Faltas. “En caso de ser necesario se cita a ambos vecinos para realizar una conciliación y lograr un entendimiento”, agregó el funcionario de Ambiente.

A partir del medio centenar de mensajes que recibió en la página de Facebook, Pablo Ramírez hizo su propio análisis de situación. “Los barrios se dividen en dos grupos: en el norte de la ciudad el problema principal es la convivencia entre vecinos”, explicó. Así le expresaron por mensajes a la página vecinos de Santa Marta, Villa Elsa, Yapeyú, Nuevo Horizonte, Cabaña Leiva y Altos del Valle, entre otros.

“En el centro o barrios residenciales como Candioti o Siete Jefes, los reclamos son por locales comerciales de todo tipo”, agregó. En ambos casos quien lee, contesta y contiene saca la misma conclusión: “Es muy común que la gente no quiera hacer la denuncia a la Municipalidad o a la Policía para no dejar sus datos y ser identificado e intenta acostumbrarse a una situación que lo perjudica”.

Ramírez sostiene que cada caso es una situación compleja. “La gente escribe para descargarse, para ver qué puede hacer porque está desesperada y muchas veces al borde de situaciones de violencia que creo he desactivado en más de una ocasión”, relató.

Soluciones posibles

Existen diferentes vías para resolver este tipo de situaciones. Con la multa, algunos de los establecimientos que originan el ruido comercial corrigen la causa: hacen reformas en su estructura, colocan materiales de aislación acústica. De subsistir el problema, Defensoría actúa junto con la oficina de Derecho Ciudadano del municipio y convoca a las partes a una mesa de mediación para alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambos.

“Sin embargo, hay veces que el ruido es sólo una punta de la situación en la cual se origina; algunas pueden tratarse con mediación pero, por su complejidad, otras no”, agregó desde Defensoría, Liliana Campomanes.

En esos casos se busca contención a través del Centro de Asistencia a la Víctima y al Testigo del Delito (C.A.V.) de Defensoría del Pueblo, con protección de identidad y un contacto inmediato con el Ministerio de Seguridad. En los casos más extremos, se puede acudir directamente a la fuerza pública mediante un llamado a la Policía o a Emergencias 911.

Más allá de la queja o recomendaciones Pablo Ramírez, quien con la creación de la página en Facebook “Santa Fe necesita descansar” se convirtió en experto en materia de ruido, elabora por estos días un anteproyecto de ordenanza. Titulada “Protección contra ruidos y vibraciones nocivas, innecesarias y excesivas”, su redactor considera que es superadora de las vigentes.

“No soy militante de ningún partido político y no estoy en ninguna estructura, pero averigüé y cualquier ciudadano puede presentar un proyecto de ordenanza para que sea tratado en el Concejo -dijo, confiado-. El ruido no va ganar”.

Ordenanza

Sancionada en 1992, la Ordenanza municipal 9.623 regula los ruidos molestos, innecesarios y excesivos; establece responsabilidades y penalidades. La norma designa a la Municipalidad, por intermedio de la repartición correspondiente, como “el único organismo encargado de las verificaciones técnicas”.

Fuente: www.ellitoral.com
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Los vecinos exigen clausura y relocalización del Anfiteatro Cocomarola por ruidos molestos

publicado poradmin1, 2015

Los vecinos del Anfiteatro Cocomarola de Corrientes vuelven a arremeter. Aseguran que presentarán esta semana un amparo para protegerse de la contaminación acústica que provocan los distintos espectáculos que se presentan en ese escenario. Además reclaman la clausura inmediata y la relocalización del máximo coliseo cultural.

El anfiteatro fue inaugurado en 1987 durante el gobierno de José Antonio Romero Feris (Pacto Conservador) en un ejido residencial, rodeado del mayor complejo habitacional de viviendas del INVICO. No pocos aseguran que su ubicación tuvo un tinte electoralista. Una obra pública que apuntaba a atraer a los votantes de esa zona. Con el tiempo la mayoría reconoció que fue un error de convivencia urbanística, pero ningún gobierno se atrevió a trasladarlo a otro lugar.
Los vecinos entregarán a la justicia fotos y filmaciones escandalosas de los últimos recitales, especialmente el que dio La Renga. Aseveran que los días de recitales la Policía y el Municipio los privan “legítimamente” de ingresar o salir de sus hogares. Asimismo alegan que están perjudicando sus derechos a la salud, descanso e intimidad “para que otros se diviertan”. El reclamo tiene el apoyo de frentistas de la avenida Independencia y de miembros de la organización Unidos por el Silencio. Dicen estar bajo ese suplicio hace 25 años y consideran una injusticia que sea precisamente el Estado, quien les prive de sus derechos.

UNIDOS POR EL SILENCIO

“La solución a sus problemas es colectiva y no individual”.

Jorge Echeverz, coordinador general de la Asociación Unidos por el Silencio indicó a un medio local, que “por primera vez he encontrado grupos de damnificados por la violencia sonora que entiendan que la solución a sus problemas es colectiva y no individual. Nadie puede salvarse solo en este tema porque hay muchos intereses detrás y eso hizo que rápidamente llegáramos a un entendimiento”. Se espera la próxima semana otra reunión a la que invitarán a todos las víctimas de ruidos molestos que hay en la ciudad para sumarlos a este acuerdo y elaborar un plan integral que contemple cada uno de los casos.

Fuente: diario1588.com
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