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Condena económica por ruidos molestos de una imprenta

publicado poradmin27, 2016

La justicia porteña estableció una pena de multa por cuatro mil pesos al titular de una imprenta ubicada en Villa Soldati que, por el sonido elevado de su maquinaria durante las 24 horas del día, infringía el Código Contravencional al perturbar el descanso o la tranquilidad de los vecinos. El imputado reconoció su responsabilidad por los ruidos producidos debido a su actividad comercial, por lo que la causa se resolvió en un juicio abreviado.

El juez Pablo Cruz Casas, titular del juzgado N° 10 en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, resolvió condenar al titular de una imprenta ubicada en el barrio de Villa Soldati, “a la pena de multa de 4000 pesos”, por ser autor responsable de la infracción prevista en el segundo párrafo del artículo 82 del Código Contravencional, consistente en ruidos molestos producto de una explotación o actividad comercial.

La condena dispuesta, fue dictada en el marco de un acuerdo de juicio abreviado entre la fiscalía y la defensa, ante el reconocimiento del imputado de su responsabilidad por los hechos denunciados, tipificados en la contravención “ruidos molestos”. Según lo dispuesto en la sentencia firmada el pasado 8 de junio, el condenado pagará la multa impuesta en cuatro cuotas de mil pesos, siendo la última cuota abonada en el mes de septiembre.

La causa fue iniciada a partir de la denuncia efectuada por un vecino, en la que se señala que “los ruidos provienen de máquinas voluminosas que por su volumen, intensidad y oportunidad exceden una normal tolerancia”, lo que perturbaba sus horas de descanso, ya que la imprenta trabajaba las 24 horas.

Sin perjuicio de que no se haya constatado con una pericia la intensidad de los ruidos y vibraciones, para determinar si los mismos superan los límites permitidos por la ley, existe un conjunto de elementos de prueba directa que, en un sentido concordante, da la pauta de que dichos ruidos excedían los límites de tolerancia permitidos”, afirmó el juez Casas en los fundamentos de su resolución, señalando que se encuentra debidamente acreditado que el acusado “produjo ruidos molestos a través de la persona de existencia ideal ‘P. P. SRL’, de la cual resulta ser titular, desde comienzos del mes de febrero de 2014, hasta el 10 de julio de 2015, producidos por diversas maquinarias allí utilizadas”, no solo en horarios diurnos, sino también “todos los días desde las 21.00 horas hasta las 07 .00 horas aproximadamente”.

En la resolución, también se destaca que “está acreditada la faz subjetiva del tipo contravencional, que exige el comportamiento doloso del autor, en la medida que a pesar que tenía conocimiento de la situación típica, de todas maneras continuó desarrollando actividades comerciales bajo las mismas condiciones que venía haciendo, sin realizar las mejo ras en las instalaciones o reformas efectivas para lograr la insonorización del establecimiento”.

Para definir la pena a imponer, el magistrado tuvo en cuenta la pretensión de la fiscalía, y sopesó las sanciones establecidas en el artículo 82 del Código Contravencional, el cual prevé para “quien perturba el descanso o la tranquilidad pública mediante ruidos que por su volumen, reiteración o persistencia excedan la normal tolerancia”, 1 a 5 días de trabajo de utilidad pública o multa de 200 a 1000 pesos; y “cuando la conducta se realiza en nombre, al amparo, en beneficio o con autorización de una persona de existencia ideal o del titular de una explotación o actividad”, la sanción establecida es de 600 a 10000 pesos.

“En favor del imputado habré de mensurar su predisposición para resolver el conflicto con celeridad, puesta de manifiesto en la audiencia celebrada en el día de la fecha y que no posee antecedentes contravencionales. Todo ello, sumado a los demás criterios de mensuración punitiva estatuidos por la ley de fondo, me llevan a sostener que la pena de multa acordada por las partes, de pesos cuatro mil, pagadera en cuatro cuotas iguales y consecutivas de mil pesos […], resulta acorde con la envergadura del tipo contravencional que se le atribuye”, concluyó el juez.

Fuente: palermonline.com.ar
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Siguen los ruidos molestos

publicado poradmin23, 2016

Son las 3.47 del domingo 18 de septiembre. Nuevamente, como todos los viernes y sábados de invierno tenemos en el barrio Pichincha el problema de los ruidos que producen los boliches instalados en la zona de Suipacha y Francia, entre Jujuy y Güemes.

En ese contorno es imposible ya no dormir, yo diría que vivir por las noches señaladas. Es infernal el descontrol que debemos soportar: bocinazos, gritos, y la infaltable música que sale de los boliches que, se supone, deberían estar insonorizados. Por supuesto que llamé a la GUM, tal con invariablemente lo hago cada noche de jolgorio. Me atendió el operador 241, que nuevamente me explicó que ellos sólo hacen lo que les mandan sus superiores y las ordenanzas, y que cuando me di a conocer me reprendió que en algún momento de este año y del anterior, un hijo mío se tuvo que molestar en ir hasta el cuartel y que allí los insultó. Cosa que puede ser cierta ya que, realmente, entre los ruidos que no cesan y la autoridad de control que no ejecuta lo que las ordenanzas dicen, estamos un poco cansados. Tengo una muestra más que palpable. Ayer, alrededor de las 2, volvía a mi casa y en Pichincha y Tucumán había un control de alcoholemia de proporciones. Bien por ello. Ahora la pregunta es ¿no lo podrían haber hecho en Pichincha y Brown, y matar dos pájaros de un tiro? Y por supuesto, cuando llegué a mi domicilio el ruido era el de todas las noches de inimputabilidad bolichera. ¿Nadie piensa hacer nada para paliar este descontrol? ¿Nosotros somos vecinos de segunda?

Roberto Brussa
Fuente: www.lacapital.com.ar
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Hubo 944 denuncias por ruidos molestos en lo que va del año

publicado poradmin19, 2016

Del total, 584 fueron por situaciones diurnas y 360 por la noche o en fines de semana. Sólo se labraron 109 actas, notificaciones o infracciones. En la mayoría de los casos se trata de conflictos entre vecinos: algunos se resuelven con mediación pero otros requieren intervención policial.

Zulma Pioli compró un departamento en la Recoleta. Se mudó un sábado al mediodía y esa noche tendió su cama y se acostó a dormir. No pudo. A la medianoche, una penetrante voz con micrófono la invitaba también a ella a cantar el feliz cumpleaños y a bailar toda la noche. Venía del bar con ínfulas de boliche que estaba junto al edificio. Abrazó la almohada y buscó un rincón en el comedor. En el living. Hasta tiró el colchón en la cocina. Cuando se descubrió tratando de dormir en la bañadera, lloró. “Ahí tuve la certeza de que los jueves, viernes y sábado ya no podría dormir más”, contó.

En barrio Nuevo Horizonte, en el norte de la ciudad, Diego Lamas se encerró en el baño, se escondió bajo dos frazadas, y llamó al 911. “Era la única manera de que la policía me escuche, del otro lado del teléfono, y de que los vecinos no supieran que los estaba denunciando por las horas que llevaban con la música a un volumen extremo”, explicó Pablo.

Por casos como éstos, similares al suyo, el 16 de mayo Pablo Ramírez creó la página de Facebook “Santa Fe necesita descansar”. Es diseñador gráfico y si bien poco sabía de leyes, psicología y ruido se volvió un experto en la materia. No sólo indagó sobre la legislación vigente en Santa Fe y en otras ciudades del país y el mundo, también sobre los daños que genera en el cuerpo y los medios de resolución de conflictos generados por los altos decibeles. Y se volvió consejero de los santafesinos a quienes, como a él, el ruido no los dejaba descansar.

Ruido social y ruido comercial

Los casos expuestos son ejemplo de la Santa Fe del ruido que divide los bulevares. Por un lado, el ruido comercial que es el generado por empresas que se instalan en zonas residenciales y emiten sonidos excesivos para sus vecinos. Los casos más denunciados son los gimnasios, peloteros, canchas de fútbol 5 y bares.

Por otro, situaciones de índole social que son inherentes al ruido. En estos casos, a la tolerancia propia de la convivencia se suma la música a decibeles muy altos, en horarios diurnos y nocturnos. “En los últimos meses recibimos a personas grandes que habitan su casa de siempre, y que viven la transformación del barrio con la llegada de nuevos vecinos que tienen a la música fuerte entre otros malos hábitos”, relató la Dra. Liliana Campomanes, de Defensoría del Pueblo.

Las cifras avalan la impresión de Pablo Ramírez y de Defensoría: en lo que va del año, el municipio recibió 944 denuncias por ruidos molestos.

En el marco de las disposiciones de la Ordenanza Municipal Nº 9.623, si el ruido se produce en horarios diurnos la dirección de aplicación es la Subsecretaría de Ambiente. Allí 12 inspectores miden los decibeles los días hábiles, desde las 7 y hasta la medianoche, entre otros controles. Ellos intervinieron en el 61% (584) de las denuncias recibidas, pero sólo 14 derivaron en la notificación de una infracción, y en 10 se labraron actas de infracción a juzgarse por la Justicia Administrativa de Faltas Municipal.

El 39% (360 casos) de las 944 denuncias fueron realizadas por vecinos durante la noche o los fines de semana, y en 170 intervenciones se constató que se superaba el umbral de decibeles permitidos. En estas ocasiones actúa la Brigada de Contaminación Sonora formada por inspectores municipales que acuden al domicilio del denunciante y miden el ruido con decibelímetro para determinar si excede lo permitido. Si quien lo origina supera lo previsto en las normas municipales es plausible de multas fijadas por el Tribunal de Faltas Municipal. “La brigada actúa cada vez que se genera una situación de molestia sonora: los inspectores realizan la medición y, si hay infracción, instan al causante a cesar los ruidos” explicó el secretario de Control, Ramiro Dall Aglio. Esto sucedió en 85 casos que concluyeron en actas de infracción: actividades bailables comerciales, fiestas públicas y privadas.

Las dos ciudades

En el vacío de las cifras están los casos que no llegaron a infracción, ni a notificación, ni a multa. Allí, “lo más frecuente son los conflictos entre vecinos”, comentó el subsecretario de Ambiente, Roberto Celano. Esto comprende desde la música alta hasta la realización de reuniones en domicilios e incluso mascotas que generan ruidos constantes y causan perjuicio al vecino.

En los casos de conflicto, tanto los inspectores de Ambiente como la Brigada nocturna piden la asistencia de la Guardia de Seguridad Institucional (GSI) municipal, para medir los decibeles en el domicilio del denunciante. “En estos casos de conflictos muchas veces los inspectores son agredidos, y si bien en la mayoría de los casos no pasa de lo verbal requieren la asistencia de GSI para realizar la medición”, explicó Celano.

Desde allí, la infracción pasa a Control, donde se realiza el acta correspondiente que pasa a Juzgado de Faltas. “En caso de ser necesario se cita a ambos vecinos para realizar una conciliación y lograr un entendimiento”, agregó el funcionario de Ambiente.

A partir del medio centenar de mensajes que recibió en la página de Facebook, Pablo Ramírez hizo su propio análisis de situación. “Los barrios se dividen en dos grupos: en el norte de la ciudad el problema principal es la convivencia entre vecinos”, explicó. Así le expresaron por mensajes a la página vecinos de Santa Marta, Villa Elsa, Yapeyú, Nuevo Horizonte, Cabaña Leiva y Altos del Valle, entre otros.

“En el centro o barrios residenciales como Candioti o Siete Jefes, los reclamos son por locales comerciales de todo tipo”, agregó. En ambos casos quien lee, contesta y contiene saca la misma conclusión: “Es muy común que la gente no quiera hacer la denuncia a la Municipalidad o a la Policía para no dejar sus datos y ser identificado e intenta acostumbrarse a una situación que lo perjudica”.

Ramírez sostiene que cada caso es una situación compleja. “La gente escribe para descargarse, para ver qué puede hacer porque está desesperada y muchas veces al borde de situaciones de violencia que creo he desactivado en más de una ocasión”, relató.

Soluciones posibles

Existen diferentes vías para resolver este tipo de situaciones. Con la multa, algunos de los establecimientos que originan el ruido comercial corrigen la causa: hacen reformas en su estructura, colocan materiales de aislación acústica. De subsistir el problema, Defensoría actúa junto con la oficina de Derecho Ciudadano del municipio y convoca a las partes a una mesa de mediación para alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambos.

“Sin embargo, hay veces que el ruido es sólo una punta de la situación en la cual se origina; algunas pueden tratarse con mediación pero, por su complejidad, otras no”, agregó desde Defensoría, Liliana Campomanes.

En esos casos se busca contención a través del Centro de Asistencia a la Víctima y al Testigo del Delito (C.A.V.) de Defensoría del Pueblo, con protección de identidad y un contacto inmediato con el Ministerio de Seguridad. En los casos más extremos, se puede acudir directamente a la fuerza pública mediante un llamado a la Policía o a Emergencias 911.

Más allá de la queja o recomendaciones Pablo Ramírez, quien con la creación de la página en Facebook “Santa Fe necesita descansar” se convirtió en experto en materia de ruido, elabora por estos días un anteproyecto de ordenanza. Titulada “Protección contra ruidos y vibraciones nocivas, innecesarias y excesivas”, su redactor considera que es superadora de las vigentes.

“No soy militante de ningún partido político y no estoy en ninguna estructura, pero averigüé y cualquier ciudadano puede presentar un proyecto de ordenanza para que sea tratado en el Concejo -dijo, confiado-. El ruido no va ganar”.

Ordenanza

Sancionada en 1992, la Ordenanza municipal 9.623 regula los ruidos molestos, innecesarios y excesivos; establece responsabilidades y penalidades. La norma designa a la Municipalidad, por intermedio de la repartición correspondiente, como “el único organismo encargado de las verificaciones técnicas”.

Fuente: www.ellitoral.com
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