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Vecinos en pie de guerra por fiestas en balnearios

publicado poradmin29, 2016

Son residentes de la zona Sur, que reclaman control por los ruidos molestos que se producen casi todos los días de la semana que no los dejan descansar. También se quejan de trapitos y vendedores ambulantes.

Los vecinos de la zona Sur de Mar del Plata piden “control” para las fiestas de playas que generan ruidos molestos casi todos los días de la semana, al tiempo que se quejan por la invasión de “trapitos” y vendedores ambulantes.
Como ocurre cada temporada, los vecinos de los barrios de la zona sur de Mar del Plata padecen vivir frente a los balnearios más selectos de la ciudad, en donde se realizan fiestas de playa casi todos los días de la semana. A eso, se suma el descontrol de “cuidacoches” y vendedores ambulantes, que prácticamente se apropian de las calles.

Desde la sociedad de fomento del barrio Alfar, aseguraron que se armará una mesa de trabajo para que el año que viene la situación no se salga de control.
Incluso pidieron a los responsables “un resarcimiento para el barrio, por las molestias que han causado”.
“Estamos teniendo muy graves problemas y no solo por el tema del ruido; este año parece que no hay respeto por nada”, admitió la presidenta de la sociedad de fomento, Liliana Ballanti en declaraciones a Radio 10 Mar del Plata
Si bien aclaró que los vecinos “no están en contra de que haya movidas musicales“, reclamó que se realicen controles “para que el ruido no sea algo que genere una molestia a nuestro barrio y a otros barrios como Playa Serena, San Jacinto o San Patricio”.
Según Liliana, se observa presencia policial, pero aún así no es suficiente porque “los chicos están pasados de revoluciones”, sobre todo de noche, cuando se hace “imposible dormir”.
“Hemos visto chicos corriendo desnudos por el barrio”, advirtió.

Ballanti puntualizó que Mute y La Caseta son los balnearios “más problemáticos” porque realizan fiestas “de miércoles a domingo. Entendemos que es parte del verano, que genera ingresos, pero pedimos un poco de respeto y consideración porque no estamos viviendo en paz, no podemos dormir”, exigió.
Otro punto de conflicto, dijo, tiene que ver con los “cuidacoches” o “trapitos” que trabajan en la zona.

“Cobran entre 100 y 150 pesos para estacionar y nadie los va a denunciar para que no le destrocen el auto”, describió.

Fuente: www.diariopopular.com.ar
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Los habitantes de Palermo, los más molestos por los ruidos

publicado poradmin4, 2015

Por la concentración de bares, restaurantes y boliches, esta zona lidera el ranking de reclamos de vecinos, según estadísticas de la fiscalía de la ciudad; lo siguen Balvanera y Caballito

Agustín es ingeniero industrial y vive en Palermo. Todas las mañanas debe levantarse a las 5.30 para llegar puntual a su trabajo, en Escobar. Pero hace meses que no duerme bien y casi siempre se retrasa. El infalible ladrido del caniche de su vecina, que comienza a las 23, se adueñó de sus pocas y preciadas horas de sueño. Y también de su paciencia? Por eso, no tuvo más remedio que denunciarla por ruidos molestos.

Este y otros casos, como el volumen alto de la música, una “previa” entre amigos en una casa, un gimnasio o el patio de una escuela, un músico que toca la batería y hasta un viejo aire acondicionado son los ruidos más comunes que perturban la vida de los porteños, y que los llevan a hacer una denuncia.

Según datos del Ministerio Público Fiscal de la ciudad, se registraron el año pasado 7008 denuncias por ruidos que perturban. Palermo, con 1326 presentaciones, encabeza el ranking, seguido por Balvanera (449) y Caballito (435). Eso sí: sólo el 15 por ciento de las denuncias encuentran una solución en la justicia porteña. El resto se desestima.

Los ruidos molestos están incluidos dentro de Código Contravencional, cuya aplicación es competencia de la Ciudad. Según indica el artículo 82, hay distintas penas para los infractores. La ley especifica: “Quien perturba el descanso o la tranquilidad pública mediante ruidos que por su volumen, reiteración o persistencia excedan la normal tolerancia es sancionado con uno a cinco días de trabajo de utilidad pública o multa de 200 a 1000 pesos. Cuando la conducta se realiza en nombre, al amparo, en beneficio o con autorización de una persona de existencia ideal o del titular de una explotación o actividad, se sanciona a éstos con multa de 600 a 10.000 pesos”.

Consultado el Ministerio Público Fiscal sobre cuántos vecinos debieron pagar una multa, no pudieron precisar esa información.

La cantidad de casos denunciados el año pasado duplicó las 3278 presentaciones que se hicieron en 2009. Debido a la acumulación de bares, boliches y restaurantes, Palermo concentró el 19% de las denuncias de toda la ciudad.

“Los conflictos por ruidos molestos están muy latentes en la Capital. En 2013 ocuparon más del 25% del total de las faltas contravencionales. Y a lo largo de los años el número de denuncias va en ascenso”, aseguró a LA NACION Matías Michienzi, fiscal porteño de primera instancia, especialista en medio ambiente.

Silvia Cabeza, presidenta de la asociación civil Oír Mejor, explicó que los porteños están expuestos a “peligrosos” niveles de ruido. “Los vecinos deben soportar todo tipo de ruidos molestos. Los reclamos más comunes son contra bares y restaurantes, ya que en el verano suelen sacar parlantes a la calle o poner música en terrazas a todo volumen. En zonas como Palermo o Cañitas, donde los vecinos conviven con la actividad gastronómica y bailable, hay niveles de ruidos intolerables. No alcanza ni con cerrar las ventanas”, dijo Cabeza.

Precisamente, en los meses de noviembre y diciembre de 2014 se registró mayor cantidad de denuncias, con 734 y 741 presentaciones, respectivamente. Además, en esos 61 días se concentró el 21% de denuncias.

Edgardo vive en un segundo piso en la calle Fitz Roy, a metros de Honduras, en Palermo, una calle repleta de bares y boliches. “Nací acá y no veo la hora de mudarme. Los ruidos son insoportables. Si no cierro las ventanas y prendo el aire acondicionado, no duermo. El verano siempre es un caos. No tanto por la música, sino por la gente que habla muy alto; que se agrupa en cualquier lado y se la pasan gritando. Los comerciantes tampoco ayudan. Anoche sufrí una guitarreada hasta las 7. No hago la denuncia porque creo que nada va a cambiar”, comentó.

Irene González también es vecina del barrio más conflictivo de la ciudad; vive en un departamento en la planta baja, a una cuadra de plaza Armenia: “Los fines de semana se hace muy difícil dormir. Al ruido de los bares y boliches se le agrega el de la gente que se reúne en las calles. Hace tiempo que esto cambió. Los vecinos ya nos acostumbramos al bullicio, pero es cada vez peor. Nunca me animé a hacer una denuncia”.

LA MAYORÍA SE DESESTIMA

El desenlace más común de estas situaciones es que la Justicia desestima las denuncias por falta de elementos probatorios. Según el Ministerio Público Fiscal, en los últimos cuatro años, más del 85% de los casos no prosperaron. Y el resto se definió en mediaciones y en juicios abreviados.

“Las denuncias se desestiman porque el conflicto se soluciona rápido entre los vecinos o bien porque no hay pruebas claras. En muchas ocasiones los vecinos no continúan con las actuaciones. Según la ley, tiene que haber una ratificación por parte del denunciante y eso muchas veces no ocurre porque el conflicto ya cesó”, indicó el fiscal Michienzi.

Los procesos de estas denuncias suelen ser cortos. Las mayoría de las causas por ruidos molestos que no son desestimadas finalizan antes de los primeros seis meses de proceso.

Pese a todo, hay quienes que todavía sostienen que ante este tipo de problemas es mejor “dialogar” con los vecinos antes que dirimir la discusión en la Justicia.

UN VECINO QUE GANÓ SU BATALLA

Vive a metros de la AU 25 de Mayo y sufre el caos vehicular

Pedro Barragán. Vecino de Constitución

Barragán vive en la calle Luis Sáenz Peña al 1200, en un sexto piso, a 50 metros de la autopista 25 de Mayo. Tras 14 años de reclamos por el nivel de los ruidos que provienen de la autovía 25 de Mayo, días atrás, la justicia porteña obligó a la empresa Autopistas Urbanas Sociedad Anónima (AUSA) a presentar un estudio de impacto ambiental y un plan de adecuación para realizar las obras necesarias para reducir los ruidos que emiten los más de 100.000 autos que recorren la autopista diariamente. Así, el vecino podrá tener su recompensa: dormir tranquilo.

VARIAS OPCIONES PARA CANALIZAR LOS RECLAMOS

Para denunciar ruidos molestos en la ciudad, los vecinos cuentan con diferentes mecanismos.
Una posibilidad es realizarla en forma presencial. Los interesados pueden acudir a cualquiera de las 12 unidades de orientación y denuncia diseminadas en distintos barrios porteños, donde serán atendidos por un funcionario del Ministerio Público Fiscal.
Por vía telefónica, está disponible la línea gratuita 0800-333-47225.
También se puede reclamar por correo electrónico, a la casilla denuncias@jusbaires.gov.ar
Otro medio es el sitio www.fiscalias.gob.ar “denuncia-en-linea”; en este caso, se pueden adjuntar archivos de audio que expongan los ruidos.

Fuente: www.lanacion.com.ar
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Crecen las quejas de los vecinos porteños por los ruidos molestos

publicado poradmin18, 2015

Los ruidos molestos y perjudiciales para la salud aumentaron en los últimos tiempos en la ciudad de Buenos Aires, en un momento en que aparece auspicioso para los vecinos el reciente fallo judicial que obliga a la empresa AUSA a accionar barreras contra la contaminación sonora.

Los estudios revelan que Buenos Aires se encuentra entre las cinco ciudades más ruidosas del mundo -como lo son también Mendoza, La Plata y Santa Fe en el ranking argentino- y que en avenidas de fuerte flujo vehicular supera los 70 decibeles, que marcan una frontera entre lo razonable y lo perjudicial para las personas, alcanzando uno de sus máximas niveles en las proximidades de las autopistas.

En este sentido, un reciente fallo judicial avaló después de 14 años el reclamo de un vecino porteño que vive a 50 metros de la Autopista 25 de Mayo, una sentencia que obliga a AUSA (la empresa del Gobierno porteño que gerencia las autopistas urbanas) a presentar un proyecto para reducir los ruidos.

“Hay una falta de planeamiento urbano, algo que quedó congelado hace años”, dijo a Télam el arquitecto Teodoro Potaz, de la organización Acústica Legal, al analizar las causas del incremento de la contaminación sonora, y ejemplificó con “las autopistas, que fueron pensadas para tantos miles de autos, que después fueron aumentando, pero no se modificaron”.

El arquitecto señaló que el ruido que generan las autopistas se podría resolver “colocando barreras en los costados que desarrollen una protección acústica, para que el ruido rebote adentro de la autopista, lo absorba y no pase hacia afuera, pero el problema es que las autopistas tienen una degradación que aumenta permanentemente y una falta de planificación, que lleva a que no asuman el gasto para solucionarlo”.

“Pero -enfatizó- se puede solucionar perfectamente con un equipo de ingenieros, como los hay en Europa, donde se da todo un desarrollo tecnológico que habría que aplicarlo para el impacto ambiental que producen todas las fuentes sonoras que están sobre exageradas en el ruido”.

A su vez, el arquitecto destacó los aspectos sociales y psicológicos que operan en la problemática de la contaminación sonora, al plantear que “la población esta infectada, en cierta manera, de una problemática que ante cualquier situación se exaspera, subió el nivel de sensibilidad en el individuo para ya no soportar lo que pasa en las fuentes generadoras de sonidos”.

Potaz se refirió a situaciones relacionadas al aumento de autos en la calle, como cuando hay paros de trenes, subtes o colectivos, lo que “contribuye a la contaminación sonora, que exaspera al individuo”.

En este sentido, precisó que “se incrementaron los ruidos y también las molestias del individuo. El individuo no vive en paz, hay gente que duerme con ruidos”, e hizo alusión a los bocinazos, a los ruidos de los autos, la velocidad, las sirenas, el ascensor, los perros del vecino”.

Junto con el aumento de ruidos “hay un incremento de los reclamos“, dijo Potaz, tras añadir que “me llegan hasta quejas de que el señor de adelante tenía un perro y ahora tiene dos perros, hay temas que son de asistencia social”.

Por su parte, la fonoaudióloga Mónica Matti de la fundación GAES Centros Auditivos, coincidió en que “las quejas por ruido han aumentado en todas partes y responden a una gran variedad de causas, entre las que destacan aquellas que afectan a las actividades de ocio nocturno, en terrazas, discotecas, zonas de concentración juvenil; al tráfico rodado y aéreo; a conflictos de convivencia entre vecinos; a obras en la calle; a servicios públicos, y a la actividad industrial ruidosa”.

En diálogo con Télam, aseguró que estas situaciones llevaron en los últimos años a que “algunos de estos conflictos pasaran al ámbito de la justicia y se dictaran las primeras sentencias”.

En forma paralela a esta realidad, los problemas auditivos en la población crecieron, según la especialista, quien sostuvo que “han aumentado considerablemente las consultas al especialista ORL (otorrinolaringólogo) de adolescentes y adultos jóvenes por presentar síntomas como acúfenos, sensación de oído tapado y/o hipoacusia momentánea o permanente por exposición a ruidos fuertes al concurrir a recitales, boliches o al uso prolongado de dispositivos para escuchar música a intensidades muy por encima del nivel recomendado y saludable”.

De hecho, así como el transporte en autopistas, avenidas y calles es uno de los principales causantes de contaminación acústica junto con la construcción y la industria, también lo es, en el plano individual, el uso cada vez más frecuente de celulares y reproductores de audio pequeños y potentes, capaces de aumentar el volumen hasta 120 decibeles.

La inconciencia frente a este daño a nivel individual se suma de alguna manera a lo que planteó Potaz a nivel general, de que hay “una dejadez en el respeto a las costumbres y entonces la gente se va viciando y no le importa si tiene un escape libre o el tema de la velocidad que repercute en el impacto ambiental, pero no es la culpa del individuo porque a él le quitaron muchas cosas, el problema es social”.

Fuente: Telam
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