Archivo de la categoría'Alta Tensión'


Siguen los ruidos molestos

publicado poradmin23, 2016

Son las 3.47 del domingo 18 de septiembre. Nuevamente, como todos los viernes y sábados de invierno tenemos en el barrio Pichincha el problema de los ruidos que producen los boliches instalados en la zona de Suipacha y Francia, entre Jujuy y Güemes.

En ese contorno es imposible ya no dormir, yo diría que vivir por las noches señaladas. Es infernal el descontrol que debemos soportar: bocinazos, gritos, y la infaltable música que sale de los boliches que, se supone, deberían estar insonorizados. Por supuesto que llamé a la GUM, tal con invariablemente lo hago cada noche de jolgorio. Me atendió el operador 241, que nuevamente me explicó que ellos sólo hacen lo que les mandan sus superiores y las ordenanzas, y que cuando me di a conocer me reprendió que en algún momento de este año y del anterior, un hijo mío se tuvo que molestar en ir hasta el cuartel y que allí los insultó. Cosa que puede ser cierta ya que, realmente, entre los ruidos que no cesan y la autoridad de control que no ejecuta lo que las ordenanzas dicen, estamos un poco cansados. Tengo una muestra más que palpable. Ayer, alrededor de las 2, volvía a mi casa y en Pichincha y Tucumán había un control de alcoholemia de proporciones. Bien por ello. Ahora la pregunta es ¿no lo podrían haber hecho en Pichincha y Brown, y matar dos pájaros de un tiro? Y por supuesto, cuando llegué a mi domicilio el ruido era el de todas las noches de inimputabilidad bolichera. ¿Nadie piensa hacer nada para paliar este descontrol? ¿Nosotros somos vecinos de segunda?

Roberto Brussa
Fuente: www.lacapital.com.ar
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Vecinos en pie de guerra por fiestas en balnearios

publicado poradmin29, 2016

Son residentes de la zona Sur, que reclaman control por los ruidos molestos que se producen casi todos los días de la semana que no los dejan descansar. También se quejan de trapitos y vendedores ambulantes.

Los vecinos de la zona Sur de Mar del Plata piden “control” para las fiestas de playas que generan ruidos molestos casi todos los días de la semana, al tiempo que se quejan por la invasión de “trapitos” y vendedores ambulantes.
Como ocurre cada temporada, los vecinos de los barrios de la zona sur de Mar del Plata padecen vivir frente a los balnearios más selectos de la ciudad, en donde se realizan fiestas de playa casi todos los días de la semana. A eso, se suma el descontrol de “cuidacoches” y vendedores ambulantes, que prácticamente se apropian de las calles.

Desde la sociedad de fomento del barrio Alfar, aseguraron que se armará una mesa de trabajo para que el año que viene la situación no se salga de control.
Incluso pidieron a los responsables “un resarcimiento para el barrio, por las molestias que han causado”.
“Estamos teniendo muy graves problemas y no solo por el tema del ruido; este año parece que no hay respeto por nada”, admitió la presidenta de la sociedad de fomento, Liliana Ballanti en declaraciones a Radio 10 Mar del Plata
Si bien aclaró que los vecinos “no están en contra de que haya movidas musicales“, reclamó que se realicen controles “para que el ruido no sea algo que genere una molestia a nuestro barrio y a otros barrios como Playa Serena, San Jacinto o San Patricio”.
Según Liliana, se observa presencia policial, pero aún así no es suficiente porque “los chicos están pasados de revoluciones”, sobre todo de noche, cuando se hace “imposible dormir”.
“Hemos visto chicos corriendo desnudos por el barrio”, advirtió.

Ballanti puntualizó que Mute y La Caseta son los balnearios “más problemáticos” porque realizan fiestas “de miércoles a domingo. Entendemos que es parte del verano, que genera ingresos, pero pedimos un poco de respeto y consideración porque no estamos viviendo en paz, no podemos dormir”, exigió.
Otro punto de conflicto, dijo, tiene que ver con los “cuidacoches” o “trapitos” que trabajan en la zona.

“Cobran entre 100 y 150 pesos para estacionar y nadie los va a denunciar para que no le destrocen el auto”, describió.

Fuente: www.diariopopular.com.ar
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Viajar en subte: bajo tierra hay más ruido que en la calle

publicado poradmin5, 2015

Hay picos de 100 dB, muy superiores a las sugerencias de la OMS

El zumbido de un ventilador, el chirrido de una escalera mecánica, un saxofón y, de repente, la bocina del tren que llega, las puertas de los coches que se abren, el bullicio de las personas que se amontonan, otra bocina para anunciar la partida. Ruido. Ruido. Mucho ruido.

En cinco de las seis líneas del subterráneo, los índices de contaminación sonora son superiores a los de las esquinas porteñas más ruidosas. En la calle, los valores extremos se ubican en alrededor de 90 decibeles (dB). Bajo tierra, oscilan entre 80 y 90 dB, con picos que superan los 100 dB. La excepción es la línea A, donde circulan unidades nuevas que aíslan de la contaminación sonora.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ruidos por encima de los 70 dB comienzan a afectar la audición, y si superan los 90 dB se vuelven dañinos. De acuerdo con los parámetros utilizados por los especialistas, una conversación entre dos personas se desarrolla en los 65 dB. Cuando los ruidos alcanzan un valor de 85 dB se ingresa en el umbral de las molestias y en los 110 dB se llega al nivel de dolor o algiacusia.

“La exposición diaria a ruidos molestos por encima de 85 dB provoca el deterioro de la audición”, sintetiza la directora del Centro de Desarrollo Profesional GAES, Silvia Neto, con quien LA NACION realizó las mediciones de los valores auditivos en las seis líneas de subte. “La pérdida de audición por exposición a ruidos intensos es irreversible. Sólo se puede compensar con el uso de audífonos”, sentencia.

En todas las líneas se realizaron dos mediciones con el sonómetro: una en el andén con la formación ingresando a la estación; la otra arriba de los coches en pleno viaje. Según los valores registrados, la mayor contaminación sonora es en la línea D. En la estación 9 de Julio, al subir por una escalera mecánica, el ruido alcanzó los 99 dB y en el andén fue de 90,5 dB. La formación sobre las vías provocó oscilaciones de entre 85 y 90 dB y un pico de 101,5 dB.

“Me resulta bastante estruendoso el viaje. Es un ruido fuerte, una molestia que ya tengo naturalizada. La contaminación también tiene que ver con las llamadas telefónicas dentro de los coches”, opinó Marcela Burgos, una usuaria frecuente de la línea D.

Todos los días, contó, viaja entre las estaciones Juramento y Catedral, ida y vuelta; cada tramo demanda unos 40 minutos. “Dejé de escuchar música durante el tiempo que estoy en mi casa. Regalé el televisor. Siento que alcancé un nivel de agotamiento sonoro”, agregó.

En la línea E el ruido sube desde el piso cuando el tren se encuentra en la estación Jujuy. Parece un compresor de aire comprimido que arroja 86 dB en el sonómetro. En el viaje hay picos de entre 90 y 95 dB, pero la marca mayor fue de 98 dB.

Parámetros similares se observaron en la estación Corrientes de la línea H. En el andén, al ingresar un tren, trepó hasta 91 dB, por encima del umbral de la molestia. Cerca de una ventana, los sonidos oscilantes llegaron a los 95 dB.

“El ruido bajo tierra tiene que ver con las formaciones porque la línea E es de las más postergadas. Hay muchos ruidos, los frenos hacen unos chirridos heavy metal todo el trayecto, pero cuanto más cerca de las terminales, peor”, sintetizó Alejandra Cosin, pasajera frecuente de la línea que une Virreyes y Bolívar. “Cuando queda parado sigue haciendo ruido, es como el infierno”, agregó, riéndose.

Trastorno del sueño, irritabilidad, pérdida de la capacidad de atención y problemas de comunicación son las situaciones de estrés que pueden sufrir las personas expuestas a ruidos molestos. “Los individuos van acumulando horas de deterioro auditivo a medida que pasa el tiempo. Dos horas diarias ya es perjudicial”, explicó Neto.

Los registros tomados en las líneas B y C son muy parecidos. En el andén, en ambos casos, la marca máxima alcanzó los 92 dB y la única diferencia estuvo en las vías: 88 dB en la B y 85 dB en la C.

Ante la consulta de LA NACION, un vocero de Subterráneos de Buenos Aires (Sbase) respondió “que el mayor problema y donde se origina el ruido, es el material rodante” debido a que “el promedio de antigüedad de las flotas es muy grande” y son coches “que no se fabricaban con estándares de baja emisión de ruido”. Para mitigar el problema se instalaron paneles acústicos en las líneas C y D, se cambiaron rieles y comenzó a renovarse la flota.

La Agencia de Protección Ambiental (APrA) estableció que en los andenes el nival máximo no debe superar los 80 dB; el mismo valor se toma en cuenta para las formaciones, según las normas IRAM.

Sin embargo, todos los registros subterráneos se ubicaron por encima de esos valores y también de los máximos registrados en las esquinas más ruidosas de la ciudad. Según un estudio de 2014 del Centro de Investigación en Ingeniería Sustentable (CIIS) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, en Rivadavia 3883 está el punto con mayor contaminación sonora, con 77,6 dB. Otros sitios conflictivos son Santa Fe y Callao (77,5 dB) y Cabildo y Juramento (75 dB).

La línea A es la única que se encuentra por debajo de esos valores. Los nuevos coches chinos parecen absorber el ruido durante los viajes. El recorrido placentero, con aire acondicionado y mayor espacio en el interior, arroja sonidos de entre 60 y 70 dB que se elevan a 86 dB cuando suena la alarma. Son como un oasis en el medio del desierto.

Fuente: La Nación
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