Río Dulce: vecinos denuncian ruidos molestos

publicado por admin el 5 October, 2016

Sobre calle Naciones Unidas, la música a alto volumen altera la tranquilidad en el barrio

“De lunes a lunes está con la música a todo volumen, arranca a la 6 de la mañana y termina a las 23. Ya no se aguantan los ruidos”, mencionó una vecina de calle Naciones Unidad, entre Nicaragua y Honduras del barrio Río Dulce, ciudad de La Banda.

La señora destacó: “Estoy embarazada y la verdad no se puede estar tranquilo en ningún momento en el barrio”.

Por último agregó: “Ya recurrimos a las autoridades policiales y esperamos tener soluciones”.

Fuente: www.diariopanorama.com
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Vecinos del Cerro dicen que los bares trajeron el caos

publicado por admin el 3 October, 2016

Reclaman por la habilitación indiscriminada de restaurantes y bares sobre la Tejeda. Se quejan por la falta de cloacas, los problemas de estacionamiento y los ruidos molestos.

Poco queda de aquel Cerro de las Rosas señorial y distinguido donde vivían, con mucha tranquilidad y bienestar, los vecinos más pudientes de la sociedad cordobesa. Era el sector al que se llevaba a los parientes o amigos de otras provincias para que conocieran el sector más pituco de Córdoba.

“Los más ricos se fueron a vivir a los countries y los que quedamos somos gente de clase media que trabajamos mucho para mantener algo de lo bueno que tenía este sector”, dice Javier García. “Pero de lo bueno ya queda muy poco”, agrega quien, con un grupo de vecinos, ha reclamado a las autoridades por la degradación urbana del barrio.

¿Cuáles son los problemas? El principal –señalan– es la invasión de locales gastronómicos que comenzaron a instalarse en las avenidas más anchas, pero que ahora comienzan a avanzar también en las calles transversales para modificar la vida del barrio.

Por imposición de una moda o “del mercado” –como les respondió un alto funcionario municipal en una de las reuniones que mantuvieron–, el perfil del barrio ha cambiado. Como “el mercado” ha descubierto que los restaurantes y los bares funcionan, en los últimos cinco años ya se han instalado cerca de 15 en todo el sector.

Sin cloacas

Probablemente no hubieran surgido tantos inconvenientes si la infraestructura estuviera preparada. Pero, como pocos cordobeses saben, toda la zona del Cerro ubicada al este de calle Tejeda no tiene cloacas. La consecuencia es que, como señaló Omar Carbonari, otro vecino, lo que harían algunos restaurantes cuando se les llenaran los pozos negros es perforar hasta la napa y tirar todo por allí. La denuncia no pudo ser confirmada.

“Los que no tiran la mugre a la napa la arrojan a la vía pública”, acusó Carlos Amado, quien relató que meses atrás tuvo que acudir con varios vecinos a la puerta de “un comedor” que directamente había conectado la cámara séptica al desagüe pluvial. “Toda la porquería salía a la calle y el olor era insorportable”, graficó 
Amado.

“Ni qué hablar de los olores permanentes de fritura que sufrimos todos los que vivimos en torno de estos locales”, apuntó Estela, quien vive hace 45 años en calle Roque Funes.

Los ruidos también están descontrolados. Aunque, por ordenanza, en el Cerro no pueden funcionar boliches, el viernes a la noche se reinauguró, en la esquina de Gigena y Fader, un “restobar” que, según dicen los vecinos, tiene música potente hasta altas horas de la madrugada. No es un boliche, pero en la reinauguración difundida por las redes sociales “tocó” un DJ.

“Prohibido estacionar”

Con los comedores llegan los comensales. “Y vienen en auto”, explica Carlos, uno de los 
más enojados con el aluvión de vehículos que ahora invaden el Cerro a toda hora.

Por vivir cerca de un restaurante hace mucho que ya no puede estacionar el auto frente a su casa, como hacía antes. No se trata sólo de haber perdido una comodidad. “No pasa un domingo que no me encuentre con un auto estacionado que obstaculiza el garaje de mi casa, y no me queda otra que cruzarme al restaurante y pedir a los gritos que el dueño de tal o cual auto lo corra para que yo pueda entrar”, se quejó.

Hay consecuencias peores. Mercedes dice que sus hijos e hijas ya no la quieren ir a visitar porque cuando van “tienen que dejar el auto a cinco cuadras, porque la calle está siempre ocupada”.

Como explica García, el barrio se llenó de “naranjitas” con los cuales se generan conflictos. 
Les exigen a los frentistas que paguen por estacionar frente a sus casas. O les impiden estacionar porque les “ocupan el lugar para cobrar”.

Elizabeth también se queja: “Este es un barrio residencial y, por serlo, pagamos mucho más que en otros sectores, pero no tenemos cloacas, nos roban, el servicio de recolección de residuos es malo y la luz cada vez se corta más”.

Fuente: www.lavoz.com.ar
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Violencia sonora

publicado por admin el 1 October, 2016

La ausencia de una cultura de respeto a los derechos de los otros es uno de los rasgos más sobresalientes de quienes vivimos en la ciudad de Buenos Aires. Eso explica por qué la vida cotidiana en la ciudad es bastante dura y a veces agobiante, también en lo que hace al ruido. Entre bocinazos y ruidos de los autos, el bullicio, los gritos, las sirenas, los circuitos gastronómicos, locales de esparcimiento, discotecas y zonas muy transitadas, los porteños muchas veces quedamos expuestos a niveles de ruido que superan lo tolerable.

Casi nadie acata las normas mínimas de convivencia, que van desde las regulaciones de tránsito hasta las que reglan el ruido, y muy pocos se toman el trabajo de pensar en el daño que les pueden causar a los demás al violar esos preceptos.

Esa conducta generalizada se ve favorecida por la poca efectividad de las autoridades cuando de hacer cumplir las normas de convivencia se trata. Por eso, las infracciones quedan impunes y se repiten.

Los ruidos molestos son una de las principales contravenciones denunciadas en la ciudad de Buenos Aires, superando en el primer trimestre más de tres mil casos. Una problemática que los especialistas y las autoridades judiciales vinculan con una falta de asimilación de las reglas pertinentes por parte de quienes causan ruidos a volúmenes exorbitantes.

El registro de la Fiscalía General de la ciudad cuenta con un total de 3085 denuncias por ruidos molestos en el primer semestre de 2016. Desde el barrio porteño de Palermo, el organismo recibió 551 alertas, seguido muy por debajo por Recoleta, con 224, y Caballito, con 193. Al respecto, el fiscal Martín Lapadú manifestó que “el ruido molesto es una de las contravenciones de la ciudad de Buenos Aires más denunciadas”.

Según la Organización Mundial de la Salud, lo máximo que soporta un ser humano son 70 decibeles. A partir de los 70 y hasta los 80, se pueden producir daños físicos y emocionales. Por ejemplo, 90 es el sonido de las sirenas de las ambulancias; 100 decibeles produce el motor de un colectivo en mal estado al frenar, y también el martillo mecánico; 110 soporta quien baila en un boliche; 120 generan los parlantes traseros de un automóvil a volúmenes altos; 130 produce un trueno, en 600 metros a la redonda, y 140, un jet inmediatamente antes del despegue.

El ruido puede, entre otros trastornos de salud, producir cefalea, dificultad para la comunicación oral, disminución de la capacidad auditiva, perturbación del sueño y el descanso, estrés, neurosis, depresión y molestias como zumbidos en forma continua o intermitente.

El primer estudio sobre el nivel de ruido y el medio ambiente en la Argentina, realizado por GAES Centros Auditivos, demostró que más de la mitad de la población encuestada (61%) se siente perturbada por ruidos molestos en sus casas o barrios, y un 49% en sus lugares de trabajo. Entre los ruidos más odiados se encuentran el del tráfico, con el 57%; las obras en construcción, con el 46%, y los ladridos, en un 37% de los casos.

Las claves para erradicar, disminuir y controlar este tipo de contaminación sonora pasan por la educación, el respeto a las normas de convivencia y la efectiva aplicación de los controles adecuados y de las sanciones en caso de incumplimiento. Y, aunque ya nadie podría suscribir aquello de que el silencio es salud, lo cierto es que, a medida que suben los decibeles, las grandes ciudades parecen verificar aquello que una vez escribió Sartre: el infierno son los otros.

Fuente: www.lanacion.com.ar
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